Universidad del Cauca

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Diversidad epistémica y pensamiento crítico. Javier Tobar (Compilador)

Por: 
Olver Quijano Valencia
Profesor Facultad de Ciencias Contables, Económicas y Administrativas
oquijano@unicauca.edu.co

Cuenta Hernán Darío Ouviña, pensador argentino, que “al regresar de un viaje a la Luna, decenas de reporteros y curiosos bombardearon a los astronautas de preguntas, y una en particular era la más insistente: “¿pudieron ver a Dios?, “¿cómo es él?, “¿canoso y anciano?, “¿de barba blanca y tupida? Apabullado, uno de ellos lanzó una respuesta que dejó perplejos y con la boca abierta a los presentes: “Ella es negra”, afirmó de manera lapidaria, y con esa definición tan concisa como demoledora sacudió el sentido común, racista y patriarcal, predominante en aquel entonces y aún hoy en nuestras sociedades”.  Este es también de alguna manera, el espíritu del libro Diversidad epistémica y pensamiento crítico, obra colectiva de la Maestría en Estudios Interdisciplinarios del Desarrollo y editada por el Área Editorial de la Universidad del Cauca.

El libro constituye una suerte de memoria y de registro de las intervenciones y debates suscitados en el marco del Seminario internacional de pensamiento contemporáneo, evento auspiciado por la Maestría con la complicidad de la VRI de la Universidad del Cauca y desarrollado con el protagonismo de varios académic@s e intelectuales de distintos países entre quienes se distinguen Katherine Gibson (Australia), Ramón Grosfoguel (Puerto Rico/EEUU), Francisco Jarauta (España), Juan Duchesne W., José Luís Groso (Argentina), Alberto Arribas (España), Arturo Escobar (Colombia/EEUU), Bruno Mazzoldi, Víctor Toledo (México), Eduardo Restrepo (Colombia), José Luís Coraggio (Argentina), Mario Blaser (Argentina) y Pablo Dávalos (Ecuador).   Con estas contribuciones y sobre todo con el esfuerzo, empeño y juicio del profesor Javier Tobar, siempre amigo de poner en público, este libro es ahora posible.   

Podríamos afirmar que existe en el conjunto de las reflexiones, una suerte de coincidencia alrededor de asumir la singular complejidad de nuestros tiempos y espacios como de la crisis multidimensional y la creciente devastación ecológica y social actual, ante lo cual es también indispensable revisar la manera de ver y de vernos. Se trataría entonces y, en especial, frente a los innumerables desafíos del mundo contemporáneo, de “relativizar los modelos”, “reconstruir los modelos de interpretación siempre más próximos a las complejidades crecientes”, “pensar la emancipación con nuevos parámetros”, combatir los etnocentrismos, la homologación y la homogeneización cultural, aún en medio de la “pérdida del entusiasmo utópico”, como lo sugiere en este libro Francisco Jarauta.    

No estamos por consiguiente ante un mundo unificado, sino frente a un pluriverso, escenario que desafía nuestro entendimiento e imprime cierta crisis al pensamiento crítico y a las habituales formas de emancipación, ante lo cual, “también como lo afirmaba Raúl Zibechi, “el pequeño sector crítico siente que está mucho más familiarizado con Deleuze o Nietzsche que con Felipe Quispe o Luís Macas” (p. 43) o con cualquiera de los hombres y mujeres que integran esa multiplicidad latinoamericana de actores y sujetos epistémicos”. Repensar el pensamiento crítico también tiene que ver con su descolonización para incorporar otras perspectivas y prácticas que como lo plantea Arturo Escobar, “reverberan a lo largo y ancho del continente, en los encuentros con los pueblos, en las mingas de pensamiento, en los debates de movimientos y colectivos, en las asambleas de comunidades en resistencia, en las movilizaciones de jóvenes, mujeres, campesinos, ambientalistas, y sin duda también en algunos de aquellos sectores que tradicionalmente se han considerado los espacios del pensamiento crítico por excelencia, tales como la academia y las artes”.

Tal vez insistir en la perspectiva del pensamiento crítico desde una especie de reivindicación vanguardista y letrada a modo de una historia de las ideas y no de una genealogía de las prácticas y experiencias localizadas como tampoco en el ejercicio de la justicia cognitiva o epistémica, es lo que podría estar suscitando su despotenciación a pesar de la efervescencia de pensamiento en pueblos, comunidades y movimientos de nuestro sur global.  Así que la propuesta para ampliar el espacio epistémico y social del pensamiento crítico como de su enriquecimiento tiene que ver con asumir el entramado de tres grandes vertientes a saber: el pensamiento de la izquierda, el pensamiento autonómico y el pensamiento de la Tierra, ejercicio contra la ocupación ontológica de los territorios, los imaginarios y los mundos-vida de los pueblos-territorio por los numerosos extractivismos y por la gestión empresarial de la vida, es decir, por el neoliberalismo. 

En este esfuerzo son numerosas las analíticas que emergen y ganan posicionalidad, perspectivas críticas e internamente heterogéneas tales como el pensamiento decolonial y la crítica poscolonial, posturas que mantienen diferencias en sus asunciones, sus principios y sus prácticas. De esta distinción se ocupa el profesor Ramón Grosfoguel, esfuerzo en el que también reivindica la “diversidad epistémica como asunto fundamental para descolonizar las estructuras de conocimiento racistas/sexistas de la modernidad”. Invitando a descentrar la epistemología occidental, claro está, sin caer en un oscurantismo fundamentalista antieuropeo, es decir, “descentrar el pensamiento de los hombres occidentales sin excluirlos y a abrirse a otras geopolíticas y corpo-políticas del conocimiento.  Justamente en el marco de esta exhortación, el antropólogo colombiano Eduardo Restrepo exalta las contribuciones del pensador jamaiquino Stuart Hall, poniendo el acento en sus momentos y sus trayectorias, sus énfasis analíticos pero en especial en la apelación al contextualismo radical, la política de localización, el grado posicional del conocimiento, el conocimiento situado o su geo-corpo-política, asuntos acompañados de preocupaciones alrededor de la necesidad de “pensar en otros registros, con otras herramientas y en el marco de nuevas conversaciones”.

Este es el punto de partida de Alberto Arribas en su reflexión cuyo sustrato tiene que ver con un diálogo entre categorías delezianas/guattarianas y de prácticas de otros modos, en el proceso de autoorganización contra la precariedad y en defensa de los derechos de los y las migrantes.  Se trata de la producción de una “política sin manual”, de la política del encuentro y de la escucha, de una política artesana, de la vida cotidiana, una política mestiza, nómada, desde y hacia la auto-organización, donde son centrales las prácticas de investigación militante. Algo así como construir un sentido común alternativo donde es central la heterogeneidad y la producción de nuevas solidaridades como las lógicas de la retaguardia, para “pensar, vivir, experimentar y combatir de otros modos”. Se apela para esto lógicamente a planteos académicos de la filosofía como a la gramática política zapatista, descubriendo los límites de nuestro pensamiento e invitando a pensarnos/pensar la realidad “incluyendo en nuestra caja de herramientas teorías del pensamiento producido en y desde las historias, los cuerpos, las memorias, las experiencias, las subjetividades y las luchas del sur”, todo un devenir sur.

En este devenir sur, Pablo Dávalos nos invita a vencer el miedo y recuperar la esperanza a pesar de los proyectos desarrollistas en tanto discursos y prácticas bélicas y de guerra. Su análisis se centra en el Sumak Kawsay como horizonte teórico y existencial derivado de la alteridad, la diversidad y la complejidad de los escenarios biofísicos y socio/culturales andinos latinoamericanos, propuesta que deambula por distintas latitudes mostrando su potencialidad justamente en momentos de devastación ecológica y social como de un horizonte transicional que pretende favorecer la producción y la reproducción de la vida.  En este mismo horizonte, podría inscribirse el trabajo de José Luís Coraggio y su insistente preocupación por dar cuenta de la configuración de otra economía para otro vivir, escenario donde se valora la economía social y solidaria aún en medio de las políticas sociales neoliberales, la seducción del mercado y la ocupación ontológica de hombres y mujeres, y de la concreción de un perfil de subjetividad global o de un ethos emprendedor de la cultura neoliberal.

La relación ontologías, cosmopolíticas e interculturalidad se aborda en este libro a partir de los planteamientos de Mario Blaser sobre la antología política de los conflictos ambientales donde destaca los conflictos ontológicos, las ontologías en disputa, la multiplicidad ontológica y las ontologías múltiples, perspectiva que no puede necesariamente ser analizada con los habituales instrumentos conceptuales modernos. Asimismo, Juan Duchesne Winter nos sugiere una suerte de modelo de pensamiento alternativo para combatir el neoextractivismo y el habitual delirio aurífero. Para este autor, “América Latina históricamente ha sido pensada y tratada como tierra de extracción” o como el acto de “no tomar de la tierra lo que realmente se necesita, sino de tomar realmente lo que no se necesita en función de un ciclo global de acumulación”, es decir, de asumir la tierra como mina y acto de eliminación de fuentes de posible y evidente autosostenibilidad. Todo esto en medio de un enorme populismo extractivista y de una “faena delirante de extracción” a través de “tecnologías de intoxicación y destrucción de formas y hábitats de vida” o de la “lógica de autodestrucción ecológica multilateral asegurada”. Ciertamente, estamos enfrentando una época de la catástrofe, “la catástrofe no es el apocalipsis, no es una cosa moral, ni se trata del fin del mundo. No, la catástrofe ya empezó hace rato. Vivimos en una época de catástrofe de miles de ecosistemas que están desapareciendo, especies y sociedades humanas que están desapareciendo aceleradamente. Entonces lo que hace falta es reconocer que hay una catástrofe y desarrollar una ética de la catástrofe”, catástrofe que puede enfrentarse también en este caso, desde la cosmopolítica Watunna del pueblo Yekuana en la Orinoquía venezolana.

Pensando desde la perspectiva de una relacionalidad constitutiva y de las matrices interculturales de la hospitalidad, José Luís Grosso al reconocer que “hay tanta naturalización que es muy poco lo que pensamos, porque pensar es abrirse al acontecimiento”, nos muestra cómo la existencia del “pensamiento fuertemente antropocéntrico es el que ha producido la mayor destrucción, paradójicamente a fuerza de humanismo, entendido este como la “mercancía más y mejor vendida por Occidente”. Nos señala insistentemente el problema de “nuestro vacío intercultural” así como la necesidad de establecer y adoptar alteraciones o mudanzas epistémicas, también como parte del proceso de descolonizar el conocimiento, el pensamiento y en general nuestras vidas, a través de actos de apertura o de “abrirse a otros que piensan, sienten, viven y mueren de otras maneras”. Se trata de “abrir el pensamiento a la experiencia radical de una alteridad” a manera de “relaciones alteradas y de comunidades alteradas donde se constatan otras tramas relacionales, otros modos locales de relación, otras teorías locales de relación que son políticas, otra hospitalidad, otra hospitalidad excesiva”.  En esta apuesta, las comunidades, los colectivos y los movimientos no solo son comunidades de pensamiento sino de conversación, de acción, de sentimiento, de creencia, entornos epistémicos cargados también de generosidad y sobre todo de hospitalidad o del acto generoso de “salir al encuentro”. Es justamente esta ausencia de apertura lo que ahoga y deslegitima a la academia, insensibilidad universitaria que concreta injustica epistémica y cognitiva, justamente por la enorme distancia con esas otras formas de vivir y de morir, esas otras formas de tejer relación, esas otras maneras de habitar y significar los diversos territorios. Entonces volvernos otros y enfrentar las intimidaciones del pensamiento euro-usacéntrico, también tendrá implicaciones para el pensamiento crítico, pues “pensar críticamente es lo contrario del marketing, es pensar contra uno mismo, contra lo que somos y hacemos (Zibechi).

En este acto de ampliar la conversación, prolongar la caminada, pensar el pensamiento y configurar alternativas para un mundo que agoniza, muchos planteamientos de este libro son importantes no solo para examinar la crisis del pensamiento crítico contemporáneo y de las prácticas emancipatorias, sino para pensar acerca de nuestro lugar en el mundo y sobre el contenido de nuestros equipajes cognitivos y de nuestro mundo relacional. En esta apuesta por un nuevo sentido común y contra las naturalizaciones como las de los periodistas que indagaban a los astronautas por la edad, las canas y el color de Dios, también es preciso desconfiar de todas nuestras certezas y del abultado mundo de las creencias, justamente en nuestramérica donde se requiere revisar la manera de ver y de vernos para salir al encuentro con nuestras complejidades y singularidades.

Finalmente, considero que este libro colectivo que Javier Tobar, la Maestría, la VRI y el Área editorial nos han posibilitado, también nos recuerda con la poetisa caucana Hilda Pardo, que “el norte es ingrato y el sur inevitable”.